Descendientes de Marta Cayulef:Desde el despojo de sus tierras al auge de los negocios de Luis Eltit. 

Coihue de gran tamaño llamado el árbol madre en el Lof Marta Cayulef.

El pasado 18 de abril, en el programa Hora 13 de Radio Puelche el artesano local Rodrigo Colihueque, afirmó que, actualmente, existen 16 títulos de merced reconocidos por la Conadi. “...El Estado de Chile confiscó las tierras más ricas a las familias mapuche. Es lo que ha pasado aquí, con Marta Cayulef, con Francisco Epuin… se confiscaron las tierras más ricas y los dejaron reducidos… Tenemos, rigurosamente, 16 títulos de merced en la comuna”, afirmó Colihueque.

Uno de los Títulos de Merced mencionados por Colihueque en Radio Puelche, corresponde al del Lof Marta Cayulef. El documento fue entregado a la matriarca mapuche en 1908 gracias a sus propias gestiones, al ver cómo el territorio de sus ancestros iba disminuyendo, siendo ocupado por la república chilena y los colonos que llegaron luego de la mal llamada “Pacificación de La Araucanía”. 

Así lo relató la actual lonko Rosa Quiñenao, bisnieta de Marta Cayulef, en el mismo programa radial Hora 13: “…Esta fue una tarea de nuestras abuelas, de acompañar a los lonkos al Juzgado de Indios de Pitrufquen a inscribir sus terrenos, por eso todos los Títulos de merced tienen más o menos la misma fecha, las abuelas Marta Cayulef y Delfina Millahual fueron a caballo y acompañaban a la gente a inscribir”, comentó Quiñenao al conductor radial, Carlos Gray.

título de merced

Entrevistada por Proyecto Aurora, la reconocida educadora tradicional y lonko Rosa Quiñenao relató que su bisabuela Marta Cayulef y su abuela Delfina Millahual eran descendientes de las primeras familias originarias de Pucón, que en esa época, 1908, los Cayulef hablaban sólo en mapudungun, y que su abuela Delfina Millahual sí manejaba un poco más la pronunciación del castellano.  

Luego del fallecimiento de Marta Cayulef, la abuela de Rosa Quiñenao, Delfina Millahual, se convertiría en la matriarca. “Ella recibió a todos los colonos que llegaron acá a Pucón a pedir ayuda. Muchas familias, los Krause, la gente antigua, los Holzaphel. Todos llegaron acá donde las abuelas. Unos que venían arrancando de la segunda guerra mundial… Y ella generosamente los alimentó en su casa a fogón. Tenía gente a su servicio, las abuelas que hacían sopaipillas, pancito. Ellos llegaban con hambre. Y así recibieron a los Eltit, también”, relató la lonko.

Justamente, por ese entonces, en 1927, llega a Pucón Saba Eltit Farah y su esposa Natividad Zerené Mukarker junto a sus pequeños hijos. En esos tiempos las abuelas eran ricas, tenían cullin, que significa poseer muchos animales. El padre de Rosa Quiñenao, Domingo Quiñenao, sembraba y cultivaba una tierra muy fecunda, hasta tenían parrones, cuyas hojas se las ofrecían a la familia Eltit, “les ofrecían hasta el parrón, para que hicieran su comida con hojitas de parra, todas esas comidas que ellos hacían de su país. Nuestro abuelo (Antonio Coliman) los crió, los quería harto y nuestra abuela (Delfina Millahual) igual, porque se mostraban buena gente, buenas personas. El abuelo le tenía mucho cariño a don Lucho Eltit, era como su hijo”, rememora la lonko.

Cuando Delfina Millahual falleció el abuelo Antonio Coliman se fue a vivir a Quetroleufu,  otro campo perteneciente a Delfina Millahual. Rosa Quiñenao con su familia se quedaron en la herencia que sus abuelos le habían dejado a su madre, y que sigue perteneciendo al Lof Marta Cayulef. 

El padre de Rosa, le enseñó a respetar y cuidar sus sitios sagrados, “nos enseñó a pasar sin gritos, sin desorden. Un respeto absoluto con este espacio, que es muy grande. Siempre nos decía que ahí estaban todos nuestros antiguos, de cien, doscientos años atrás. Las familias antiguas que perdían a sus familiares los venían a sepultar ahí… Él enterraba de vuelta las cosas que aparecían sobre la tierra cuando pasaba la carreta. Nunca se recogió nada porque dentro de nuestra cosmovisión mapuche no se puede recoger ningún vestigio antiguo, eso pertenecía a la tierra y ahí había que dejarlo”, recuerda Quiñenao. 

La joven Rosa Quiñenao, de sólo 15 años por ese entonces, recuerda que su abuelo bajaba de tanto en tanto desde Quetroleufu a Pucón a caballo, viaje que le demoraba cerca de 4 horas ida y vuelta. Sería en alguno de esos viajes, donde el mismo Luis Eltit Zerené al que Coliman trató como un nieto más, se apropiaría fraudulentamente de las tierras que quedaban del Título de Merced de Marta Cayulef.

Como lo recuerda la actual lonko, “yo veía cuando el abuelo bajaba a Pucón, lo sentaban en una banquita en el supermercado. De repente llegaba un joven y le traía un juguito, le daban un kilo de azúcar, uno de yerba, uno de arroz, un pedacito de carne… y yo le arreglaba las tensiones que usaba en su caballo y me percataba de eso, que le daban ese poquito de mercadería, por un tiempo y después de repente le dijeron, que él ya no tenía campo y que lo habían hecho firmar con su huella, porque él no sabía leer ni escribir”, denuncia la descendiente de Marta Cayulef.

Rehue del Lof Marta Cayulef

Ante la noticia, su familia quedó muy afectada: “Yo vi llorar muchas veces a mi papá, porque mi papá era un hombre más desarrollado, más sabio, pero al abuelo lo engañaron y lo hicieron todo así a escondidas, no sé dónde lo llevaron, después hemos descubierto que había un abogado aquí, Mario Olmos, que desafectó el campo, lo pasó a terreno huinca, terreno no mapuche, pero con puro engaño, aclara.

Según cuenta la lonko, la herencia que sus abuelos habían dejado a todos sus hijos se perdió. Por ese entonces, algunos de los tíos de Rosa Quiñenao se habían ido a Santiago, así que “no veían el valor de lo que les quitaron y se quedaron conformes con eso, porque quedaba tierra en Quetroleufu, también de la abuela Delfina Millahual y se apegaron a ese campo, entonces así se perdió todo esto, esas 77 hectáreas acá en Pucón… Ellos engañaron a mucha gente, en Catripulli, Loncofilo, Menetúe, por todos lados engañaron así a la gente y le fueron quitando su herencia. Nosotros nos quedamos con las 6 hectáreas que eran los derechos de la mamá”, sostiene la lonko.

Ya entrada la década de los 80, según cuenta Carlos Quiñenao, werken del Lof Marta Cayulef, se registran saqueos a uno de los eltun, “recuerdo clarito cuando uno de los eltun fue saqueado, estaban todos los hoyos abiertos con palas. También recuerdo cuando a nuestro eltun, el que estamos protegiendo ahora, el que está más cercano y tiene, aproximadamente, más de 1.000 años,  llegaron estos señores con máquinas detectoras de metales, palas y excavaron”, detalló el werken a Proyecto Aurora.

Agregando que, “yo era chico, andaba ahí de intruso y me acuerdo cuando estos que ahora son grandes empresarios, llegaron a saquear, a quitarle a los muertos, terrible. Andaban con personal y un detector de metal. Desde siempre ellos supieron que eso era un cementerio”, recuerda Carlos Quiñenao. 

Los sitios sagrados del Lof Marta Cayulef son 5, incluidos dos grandes eltun y todos se encuentran en el predio que hoy controla Eltit.

Según el werken del Lof, en ese mismo gran terreno y en la década del 2000, el empresario inició la construcción del llamado Mall de Pucón, “en el 2000, aproximadamente, empezaron los primeros trabajos, empezaron a hacer caminos interiores y todo eso es parte del eltun, donde actualmente está el mall, es parte de un eltun y dentro del título de merced”. El edificio, actualmente, se compone de supermercado, ferretería, patio constructor, farmacia, tabaquería, cafetería y librería en su interior, además de una amplia explanada de estacionamientos, en el exterior. 

Centro Comercial Alto Pucón, de Luis Eltit,  dueño de supermercados, ferreterías, multitienda, hotel, entre otros comercios de Pucón.

Eltit Park MX

Luego de atravesar por parte de la historia y por el profundo bosque de las antiguas tierras del Lof, y detenerse a admirar un enorme coihue llamado el árbol madre, que pareciera estar sosteniendo estoico sobre sus gruesos troncos el paso de la vida, se llega, bruscamente, hasta una explanada.

Allí, se percibe de golpe el peso de la intervención que, años atrás, arrasó con todo lo necesario para instalar, sobre sitios de gran significancia espiritual, cultural y ecológica, las distintas pistas que componen el “Eltit Park MX” donde se practica el motocross.

Hoy en plena pandemia por covid 19, el espacio y su vegetación parecen estar mudos, aguardando que pase más tiempo para retomar su lugar entre graderías oxidadas, que en temporadas pasadas estuvieron repletas de público disfrutando de la ruidosa competencia y de las piruetas de raudos motociclistas que, tal vez sin saberlo, pasaban por sobre los ancestros de los hermanos Quiñenao Coliman.

Y es que en 2004 los Eltit decidieron construir en uno de los eltun del Lof, ni más ni menos que un circuito de motos para supuesto uso familiar. Sin embargo, en este lugar se han realizado campeonatos de motocross, con miles de espectadores y la participación de cientos de motociclistas que, por la naturaleza de la actividad, generan un alto impacto en este espacio ancestral. Los eventos, que fueron suspendidos el año pasado por la pandemia, han sido patrocinados por el propio municipio de Pucón.

 

 

Fotos extraídas del Facebook Mx Enduro Pucón, correspondientes al Campeonato de 2019.

Para la construcción de este circuito, también conocido como MX Eltit Park, se taló bosque nativo, cuya leña se vendió en el mismo supermercado, según cuenta Carlos Quiñenao: “Creo que nunca hubo un plan de manejo, les pasaron una multa, pero simbólica no más, sacaron como seis hectáreas de bosque nativo,  árboles antiguos y gigantes, robles y coihues”.

Según el werken, antes de iniciar estos trabajos, Eltit nunca se comunicó con las familias del Lof, sabiendo de antemano que allí existían sitios sagrados para ellos, así que se enteraron con las operaciones ya iniciadas, “cuando ya comenzaron a hacer los caminos interiores, uno por el medio del eltun, sacaron árboles, entonces empezaron a destapar los vestigios de lo que había en las tumbas.  En 2000, 2002 y 2004 se denunció, pero todo quedó en nada”.

Carlos Quiñenao explica que anteriormente las sepulturas mapuche incluían los elementos de mayor valor para las personas fallecidas, además de utensilios de greda, “con sus joyas, con todo,  prácticamente, todo lo que era de ellos, incluso hasta con monturas, con riendas, todo lo que ocupaba la gente. Era una cosa increíble, les echaban vasijas con alimentos, o líquidos para beber, todo iba en recipientes de piedra o de greda”, finaliza el werken.

Historias que reafirman lo que hoy viven las familias del Lof. Entre 20 y 17 años después de la construcción del Centro Comercial de Eltit y de su Parque de pistas para motocross, deben enfrentar una vez más el paso de la maquinaria empresarial.

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