Siniestra:Muere en impunidad Lucía Hiriart de Pinochet, pieza clave de la dictadura militar chilena y tirana de CEMA-Chile

De alta influencia en los caminos asumidos por la dictadura (1973-1990) liderada por su esposo, Augusto Pinochet, este jueves llegó el fin de Lucía Hiriart, a sus 99 años, en la tranquilidad de su hogar, en total impunidad, y dejando como herencia fortunas incalculables.

Su paso por esta tierra fue de complicidad con los más crueles vejámenes a la dignidad humana, donde se registran más de 40 mil víctimas de la dictadura y, entre ellos, 2.125 asesinados y 1.210 personas que fueron detenidas y hechas desaparecer, sin saber hasta el día de hoy sus paraderos.

Su influencia en el dictador y su régimen ha sido reconocida en declaraciones de Pinochet, así como en biografías y entrevistas realizadas, dejando además en claro el pleno conocimiento que tuvo Hiriart de las atrocidades que se desarrollaron durante esos años. 

Un ejemplo de ello fue su defensa acérrima a Manuel Contreras, conocido como “Mamo”, uno de los personajes más sanguinarios y responsable de la creación de la policía política DINA, que dejó una huella represiva sin precedentes. Contreras, amigo íntimo de la familia Pinochet-Hiriart, llegó a acumular 526 años de condenas por su responsabilidad en la violación a los Derechos Humanos.  

 

Ratera: CEMA-Chile y el robo al Estado

Además, Hiriart carga para la historia con el desfalco realizado como Primera Dama a los Centros de Madres, que desde el año 1974 comenzaron a ser administrados por la Fundación CEMA-Chile (nombre asumido oficialmente en 1981), y en donde ella fue autoproclamada presidenta hasta el año 2016

A través de CEMA-Chile ejerció su poder público, extendiendo una red trabajo con miles de mujeres vulnerables en sectores populares, sobre quienes llegaba la ayuda, orientación y consejos de “voluntarias” (muchas esposas de oficiales militares o partidarias de la dictadura). Para ese despliegue, de acuerdo a un único registro oficial (ya que abundan los movimientos no documentados), el Estado dictatorial le cedió gratuitamente 134 inmuebles fiscales (gran parte de ellos firmados por el propio Pinochet) entre 1977 y 1989, más otros entregados en concesión, sin que se conozcan con claridad sus números y destinos.

Con los años, especialmente desde la década del 90, muchos inmuebles fueron objeto de ventas, sin registrarse incremento del patrimonio de la fundación. Entonces, ¿dónde fueron a parar los ingresos? Investigaciones periodísticas y judiciales han avanzado en la entrega de datos, como fue la existencia de 186 rut asociados de forma no oficial, donde se generó una red de filiales con diferentes personalidades jurídicas y patrimonio propio. Aquí cumplió un rol clave en los movimientos Víctor Manuel Avilés Mejía, ex abogado de la DINA y ex fiscal de la Fundación CEMA.

Pero la gestión inmobiliaria de ex-propiedades estatales no fue su única fuente de acumulación de riqueza. Junto con esos negociados, hasta fines del año 2005 CEMA-Chile siguió teniendo cuantiosos ingresos frescos desde la Lotería de Concepción y la Polla Chilena de Beneficencia, recibiendo de ésta última -sólo entre 1993 y 2003- un monto nada despreciable de 1.300 millones de pesos. Por aquellos años también contaban con subvenciones de las municipalidades de Viña del Mar (bajo la administración de la UDI Virginia Reginato), Vitacura, Lo Barnechea, Providencia, Quilpué, San Bernardo, entre otras comunas.

Pero el caso más espeluznante es el de los años de dictadura, donde investigaciones del último tiempo han destapado aportes económicos provenientes de sectores de extrema derecha europea, particularmente desde Suecia. Allí los dineros (donaciones y herencias) a CEMA-Chile tenían su correlato con adopciones ilegales de niñas y niños chilenos por parte de familias suecas afines al nazismo. Esa fue una forma de establecer relaciones internacionales por parte del régimen, y de paso, aumentar las fortunas personales.  

En todos esos años Lucía Hiriart fue la presidenta icónica de los Centros de Madre. En 1989 (antes de la asunción de Patricio Aylwin como mandatario electo), se habían cambiado los estatutos de la Fundación para que la presidencia no recaiga ahora en la Primera Dama, sino de la esposa del Comandante en Jefe del Ejército; o sea, ella. En 1996 hubo un movimiento similar: se reformularon los estatutos para que la presidencia sea de la voluntaria que haya presidido por 10 años la institución. O sea, nadie más que ella. 

En una entrevista con Alfredo Lamadrid realizada en 1998, Lucía Hiriart comentó que “hubo un cambio en los estatutos y yo acepté nada más que cuatro años más”.

Sin embargo, dejó de ser presidenta de CEMA-Chile 18 años después de esa declaración, en 2016, cuando contaba con 94 años de edad. En total, estuvo a la cabeza de la institución y sus filiales multirut por más de 42 años. 

Lucía Hiriart se dio por enterada de sus actos ligados a malversación de caudales públicos, apropiación de dineros y fraude al Fisco sólo después de destaparse el caso Riggs. En ocasiones se quejó públicamente por los intentos de mermar su patrimonio bien ganado. Esa fue su queja. Su buena vida, en tanto, fue para nutrir y reafirmar la herencia política de Pinochet; mientras que sus últimos años judiciales fueron para defender la herencia económica del dictador a su familia, a costa de las enajenación de propiedades públicas y el saqueo del Estado chileno.

Se fue de este mundo sin dar mayores explicaciones ni económicas ni humanitarias, como lo es el caso sobre la desaparición de Ricardo, niño de 4 años, en un paseo organizado por CEMA-Chile de la ciudad de Coronel en 1975. Su madre, Rosa, tardó 40 años en denunciar el hecho, dado que al internarlo en esa época sufrió torturas inimaginables, que la dejaron con un trauma profundo que bancó en soledad y silencio.

Con Lucía Hiriart, el otro silencio, aquel Pacto de Silencio entre autores, gestores y cómplices de atrocidades, se mantuvo intocable. La última gran testigo de la dictadura cívico–militar chilena, de puesto privilegiado en la mesa y probadas gestiones miserables, la esposa con “un grado más” que el general Pinochet, ha muerto cubierta por el mismo manto de impunidad

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