Jornada de protesta en Alameda con Las Rejas, Santiago:¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas?

¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo
¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo

Esta imagen es del todo simbólica: mientras los medios de comunicación tradicionales se esfuerzan por detallar las consecuencias materiales de la revuelta nacional, cortos se quedan (y sabemos que no hay nada de inocente en aquello) en tratar de entender qué es lo que ha motivado la manifestación y el descontento social. Tanto así, que insisten en mencionar el alza como si se tratara de un hecho aislado. Mosciatti, Schindler, Rincón, Jiménez y otros pronuncian las palabras delincuencia y vandalismo hasta el cansancio. De tanto en tanto, lanzan alguna crítica aguachenta al actuar del gobierno, para que no se ponga en entredicho su capacidad intelectual, su intención pluralista y sobre todo su credibilidad. Mal que mal no saben cómo va a terminar esto y hay que estar bien con dios y con el diablo.

Lo cierto es que el alza fue la gota que rebalsó el vaso, un vaso que se ha venido llenado poco a poco desde hace décadas. Muchos ya entendieron que el origen de todo se sitúa en la instauración del modelo económico a través de la dictadura de Pinochet. Desde antes del Golpe, la escuela de Friedman en la Universidad Católica elaboró el diseño económico que regiría en Chile: el neoliberalismo. El gobierno de Allende fue un obstáculo fácil de sortear con ayuda de la CIA y las Fuerzas Armadas. A los opositores se respondió con muerte, tortura, desaparición, exilio, persecución y exoneración. Jaime Guzmán se encargaría de convencer al dictador de elaborar una constitución para legitimar el modelo económico. Un plebiscito del todo fraudulento fue la única herramienta que brindó “legalidad” al proyecto en 1980.

Con la promesa de ganancia sin intervención estatal, los empresarios afilaron los colmillos. Asesorados por ministros de la dictadura, fueron comprando a precio de huevo las empresas que pertenecían a todos los chilenos (Soquimich, el sistema de electricidad, entre otras). Se adueñaron de los recursos naturales, transformaron en nicho de negocios las pensiones (AFP), la educación (Universidades Privadas), la salud (Isapres). El saqueo al Estado fue sistemático durante la última década dictatorial. Los empresarios afectados por el alza del dólar que provocó la crisis económica a principio de los ochentas, fueron salvados por Pinochet con dinero de todos los chilenos, dinero que nunca fue devuelto. Un ejemplo contundente de aquello es el diario El Mercurio de la familia Edwards.

Con la defensa de la Propiedad Privada como principio fundamental, la Constitución de 1980 vino a definir el destino de todos los chilenos hasta nuestros días. Sí, porque lejos de lo que se esperaban los llamados gobiernos democráticos post dictadura no hicieron nada por abolir la Constitución (aprobada vía fraude y en dictadura). El modelo se ha mantenido intacto, perpetuado e incluso perfeccionado. ¿Por qué? Porque trasversalmente la clase política participa de los negocios implementados en el régimen dictatorial, por lo que sería ingenuo esperar que hagan algo para revertir esa situación.

La dictadura y los gobiernos posteriores hicieron un trabajo exhaustivo para anular la organización social. Muchos no entendíamos por qué una vez masificadas las pensiones de miseria; o experimentada la precariedad en la salud pública; o tras la presencia policial en los colegios de nuestros hijos; los asesinatos a dirigentes laborales y medioambientales, las muertes de los niños del Sename y una larga lista de etcéteras, no entendíamos por qué no nos uníamos y manifestábamos nuestro descontento. Pero los estallidos sociales tienen esa característica, surgen cuando nadie lo espera. La forma como este empezó, tiene mucho sentido. Los estudiantes secundarios, que vienen desde hace años, repito ¡años!, soportando la presencia de FF.EE y el ingreso de estas a sus recintos educativos, la estigmatización y la precariedad, lograron conectarse con las personas a través del alza del pasaje. Acostumbrados a distinguir el abuso y enfrentarse a él, tomaron la iniciativa. Internet se repletó de heroicas imágenes de jóvenes adueñándose del ingreso al metro para abrirlo a los trabajadores. El apoyo de una sociedad despreciada por sus gobiernos, no se hizo esperar. La imagen de las estaciones de metro custodiados por carabineros fue provocadora. Los focos de manifestaciones se multiplicaron por la capital y luego por el país. La policía no dio abasto y se replegó. Volvieron con los militares. Las calles fueron tomadas por sus caminantes. En cada esquina principal surgía por fin la discusión: “¿Está bien? ¿Está mal? ¿Es la forma? Y si no es, ¿cuál es? ¿Delincuentes nosotros? ¿Y el presidente no se robó un banco? ¿Acaso no evadió el pago de sus contribuciones por décadas? ¿Ladrones nosotros? ¿Y los pacos? ¿Y los milicos? ¿Y los políticos? ¿Y los empresarios?”. Conclusión: “La prensa miente”. Se actúa en consecuencia y el saqueo también es una forma de manifestación.

El gobierno recula, no entiende nada y suspende el alza del pasaje, pero en la calle el problema ya no es sólo el alza; nunca lo fue. Es la explotación, es la precariedad, son los bajos sueldos, es el desbaratamiento de la educación pública, es el CAE, es la pésima salud, son las pensiones miserables, es la vivienda inalcanzable, es el precio de los medicamentos y servicios básicos, son las carreteras concesionadas, las mineras contaminando y secando los ríos, el monocultivo depredando territorio mapuche, es el encarecimiento de la comida. En consecuencia, es el modelo económico. Por eso está imagen es un símbolo. Los manifestantes que saquean a una tienda del retail (La Polar), sinónimo de estafa y precariedad laboral. Su mercancía es tomada y lanzada con rabia al fuego. No es cualquier mercancía, en este gesto, se castiga también a la televisión, emblema de la desinformación. No estamos en presencia de un acto vandálico, afirmar aquello habla de una desconexión peligrosa. Se trata de una catarsis. Una respuesta al otro saqueo, al gran saqueo institucional, del que poco se habla, en los medios de comunicación.

¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo
¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo
¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo
¿Por qué los manifestantes queman los televisores del retail en las barricadas? Foto: Alexander Carrizo

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