A otro perro con ese hueso:Los argumentos transgénicos del agronegocio

Especial Temático #1: Radriografía al Agronegocio y a los Agrotóxicos

Esta fotografía es parte de la premiada muestra “El costo humano de los agrotóxicos” Registro fotográfico realizado en la Provincia del Chaco por el argentino Pablo Piovano.

Los argumentos que apoyan la necesidad de generar regulaciones que fomenten el desarrollo de la transgenia son variados, y en general arguyen mejorar problemas de orden mundial. 

Tolerancia de los cultivos a plaguicidas y solución a la hambruna son algunas de las principales tesis para defender la producción transgénica industrial, todo sustentado en avances científicos impulsados desde el agronegocio e impuestos desde el lobby corporativo y algunos sectores políticos.

En esta segunda entrega del Especial #1: Radiografía al Agronegocio y a los Agrotóxicos, Proyecto Aurora identifica estos argumentos emitidos por los grupos económicos y políticos que defienden la transgenia, y profundiza en su contraparte.

 

La  Ciencia y los transgénicos

La biotecnología moderna y la ingeniería genética (edición genética, entre otras técnicas) son herramientas basadas en la investigación científica, por lo que el crecimiento de la industria transgénica se sustenta en el “natural” avance de esta metodología como un supuesto medio para alcanzar el “desarrollo” productivo y social

Los hallazgos científicos favorables al uso de estas técnicas en el agronegocio son financiados desde el mismo sector, e incluso desde instituciones gubernamentales, como en el caso de Chile. El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), corporación de derecho privado subvencionada, principalmente, por fondos públicos,  ha desarrollado diferentes proyectos de investigación en la materia, en alianza con gremios y/o con universidades.

Del laboratorio al campo. Mejoramiento genético del arroz en Chile. Presentación INIA 2019.

Una de las técnicas de edición genética más controvertidas del último tiempo es la conocida como CRISPR/Cas9 (mutaciones genéticas selectivas a través de la “desactivación” de un gen o sustitución de una secuencia de genes). En 2018 fue equiparada con la transgenia (introducir en un ser vivo genes de otro organismo) por el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, por lo que debe someterse a las mismas regulaciones en ese continente. 

En otras naciones del mundo no hay regulaciones específicas sobre la técnica CRISPR/Cas9 o éstas se han formulado por secretaría a través de simples resoluciones como en Argentina y Brasil, normativas que carecen, una vez más, de un debate bioético de cara a la ciudadanía. En Chile, ya hay estudios con la técnica CRISPPR/Cas9. Por ejemplo, aplicada en salmones, en el marco de la investigación de la resistencia genética a enfermedades, desarrollada por Favet-Inbiogen y dos universidades chilenas.

Esta herramienta de edición genética avanza velozmente, se practica en laboratorios privados y públicos de todo el mundo e incluso ha sido aplicada en humanos. Un ejemplo de ello es el experimento del científico chino He Jiankui, quien en 2018 modificó el genoma de dos embriones fecundados in vitro, para inactivar un gen, acción que supuestamente le entregaría inmunidad al VIH causante del SIDA a las dos gemelas que nacieron tras el experimento de Jiankui.

La noticia causó conmoción y polémica en la comunidad científica mundial. En 2019, Jiankui fue procesado y condenado a 3 años de cárcel, a pagar una cuantiosa multa y a la inhabilidad de por vida para ejercer profesionalmente en el ámbito de la salud humana. 

 

Producción de conocimiento para la transgénesis

El agronegocio no sólo posee poderosas redes de influencia, políticas y económicas, en distintos países del globo, también ha sido apoyado por una parte importante de la comunidad científica y figuras reconocidas a nivel mundial. Uno de ellos es el Premio Nobel de Medicina (1993) Richards Roberts, que desde 1974 es miembro de New England Biolabs, empresa biotecnológica estadounidense dedicada al descubrimiento, desarrollo y comercialización de reactivos para la investigación genómica.

En junio de 2016, Roberts, quien niega que existan pruebas científicas en contra de los transgénicos, inició una campaña a favor de la llamada “agricultura de precisión”, a través de una carta que a la fecha ha sido firmada por 155 Premios Nobel (de 919 individuos y 24 organizaciones galardonadas en la historia de este reconocimiento). En la declaración apoyan la producción de transgénicos en general, y del arroz dorado, en particular, y solicitan a la ONG Greenpeace revisar los argumentos de su oposición.

Otro de los nobeles que firmó el apoyo a los transgénicos es Lars Peter Hansen, co-fundador del Instituto Milton Friedman de la Universidad de Chicago. En 2017 participó en  un seminario de la Universidad del Desarrollo en Chile, donde expresó que “dentro de la experiencia latinoamericana, la economía chilena ha sido verdaderamente impresionante. Destaca como una economía realmente sana”. 

En su afirmación, Hansen pasó por alto que esta “impresionante” y “sana” economía, que entrega millonarias ganancias a los grupos económicos más poderosos del país, es la misma que ha generado que las grandes industrias, desde los monocultivos forestales y frutales, la minería, la salmonicultura o incluso el turismo a gran escala, afecten gravemente los diferentes territorios donde se instalan, degradando los suelos, arrasando con bosque nativo, contaminando y agotando el agua de ríos y mar

En ese sentido, existe otro sector de la comunidad científica, que sí ha establecido los efectos de la industria transgénica y los agrotóxicos. En la investigación científica referente al uso de plaguicidas, tenemos que sólo uno de ellos, el glifosato, ha sido protagonista de una gran cantidad de estudios desde hace décadas. 

 

“Donde pisa mi caballo, no vuelve a crecer la hierba” 

Esta histórica sentencia de Atila, aguerrido Rey de los Hunos, seguro fue una inspiración para el herbicida “Atila” con 48% de glifosato, de la marca australiana Nuferm (sus 4 filiales en Latinoamérica, incluida Nuferm Chile, fueron compradas recientemente por Sumitono Chemical). El glifosato fue creado por Monsanto que extendió su uso agroindustrial desde la década del 70 y en mayor medida desde 1985 con su primera soja transgénica y resistente al Roundup, primer nombre comercial del químico. 

Este agrotóxico es un herbicida de amplio espectro, es decir que, en un predio o terreno intervenido, acaba con la vida de toda la vegetación existente, llamada comúnmente  por la agroindustria como maleza. El glifosato es el más vendido a nivel mundial gracias a la gran cantidad de marcas comerciales, elaboradas con este químico más otras sustancias. El 2015, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo clasificó como posible cancerígeno.

Según el informe “Situación de los Plaguicidas Altamente Peligrosos en Chile”, el ingrediente glifosato está presente en 34 marcas comerciales de diversas empresas como Monsanto Argentina, Pilarquim y Kingtai Chemicals para su comercialización en el mercado nacional tanto a través de Anasac, Sodimac y Agroespec, entre otras. 

Según esta publicación de Rap-Chile de 2019, a nivel nacional, 400 plaguicidas han sido autorizados por el SAG y 102 de ellos son altamente peligrosos. Uno es el paraquat, herbicida prohibido en la Unión Europea, así como en Camboya, Mozambique, Palestina y Vietnam, entre otros. 

En Chile, se utiliza, por ejemplo, en los monocultivos de avellano europeo de AgriChile en la región del Maule. Uso de plaguicidas que en general es promovido desde el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), dependientes del Ministerio de Agricultura, entre otros servicios estatales.

Sólo en la Antología Toxicológica del Glifosato  (5° edición, 2020) se reúnen 1.108 artículos científicos que evidencian las graves consecuencias del uso de este plaguicida altamente tóxico en animales, humanos y medio ambiente en general. Estos estudios han sido realizados en diversos países como China, Japón, Sri Lanka, India, Ghana, Sudáfrica, Italia, España, EEUU, Canadá, Brasil, Argentina y Colombia, entre muchos otros. 

Algunos de los hallazgos contra la salud humana lo vinculan con diversos tipos de cáncer, como el Linfoma No Hodgkin (LNH); el Trastorno del Espectro Autista; así como trastornos en el sistema reproductivo, inmunitario, digestivo y cardiovascular, entre otros. Con respecto a sus efectos en componentes biológicos, enumera publicaciones sobre toxicidad en tortugas, fitoplancton, zooplancton, crustáceos, aves, mamíferos, hongos, etc.

Así mismo, esta Antología incluye estudios sobre las consecuencias nocivas del glifosato en dinámicas de los suelos, dinámicas de las aguas y en plantas, así como en productos comestibles y bebidas de consumo humano. En este último caso, algunas publicaciones afirman haber encontrado diferentes concentraciones de glifosato en productos como cervezas, vinos, miel, soja, y alimento para mascotas.

Al respecto, otro estudio, señala que el glifosato está presente en 19 de los 20 productos (15 cervezas y 5 vinos) de consumo humano testeados, de distintas marcas provenientes de tres continentes diferentes . Este reporte de 2019, constató la presencia del herbicida cancerígeno en cervezas de venta masiva como Heinecken, Stella Artois, Budweiser y Corona (versión Extra). Resultados preocupantes que demuestran la influencia” del glifosato en diferentes ambientes y producciones.

Estudio cervezas, vinos y glifosato

 

Estudio cervezas, vinos y glifosato

 

Tolerancia del monocultivo transgénico a plaguicidas

La manipulación genética de especies produce monocultivos tolerantes a agrotóxicos, como el mencionado glifosato. Con el paso del tiempo, las fumigaciones agroquímicas de glifosato, sobre cientos de miles de hectáreas en todo el mundo, han generado el surgimiento de ciertas especies resistentes, las llamadas “supermalezas”, lo que a su vez impulsó el aumento progresivo de distintos herbicidas para atacar la resistencia.

Incluso hay versiones recientes de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) con tolerancia a una combinación de químicos (Glifosato – glufosinato y/o 2-4D), generando una mayor carga tóxica sobre los ecosistemas fragmentados por los monocultivos y las especies locales (aves, roedores, arbustos, lombrices, etc.) que deben convivir con esta agricultura mecanizada. 

En el caso de los insectos, existen especies que, si bien están presentes, como amenaza, en la agricultura desde mucho antes que los transgénicos, en el último tiempo han experimentado un aumento considerable gracias al desarrollo de resistencia (capacidad para soportar cantidades de tóxico que serían letales para la mayoría de los individuos de una población normal de la misma especie) a ciertos insecticidas utilizados por la agroindustria. Tal es el caso de la mosca blanca en Brasil, México e India, entre otros, convirtiéndose en un gran dolor de cabeza para la agricultura y una fuente más para el negocio de los agrotóxicos.

Sin duda, el uso de estos agroquímicos ha sido exponencial en las últimas décadas, en gran parte gracias a los cultivos transgénicos. Sólo en Brasil, durante el 2019, se aprobó la entrada al mercado interno de 196 nuevos agroquímicos, sumando en total 2.263 los agrotóxicos disponibles para su uso en tierras brasileras.

Ganancias Tóxicas

Las ganancias por ventas de plaguicidas de las corporaciones que manejan el negocio a nivel mundial son millonarias. Así lo demostró la investigación de Unearthed y Public Eye, a partir del análisis de una gran base de datos de la empresa Phillips McDougall (dedicada a investigaciones de mercado e inteligencia para la agroindustria). Los datos  fueron cruzados con la lista de Pesticidas Altamente Tóxicos de la Red de Acción en Plaguicidas (PAN International). 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial se utilizan más de mil plaguicidas diferentes y su uso se convierte “en una de las principales causas de muerte por intoxicación sobre todo en los países de ingresos intermedios y bajos”. 

 

 

Los transgénicos: ¿Gran solución a la hambruna mundial?

La instrumentalización del hambre es un recurso muy repetido desde la agroindustria. Bajo su mirada, la transgenia supone producir de manera más “eficiente”. Según sus defensores, el mundo necesita mayor producción de alimentos para atacar este problema, por lo que se convierte en un “valioso aporte” para enfrentar la hambruna.

Sin embargo, la realidad es que el hambre no ha disminuído en paralelo al avance de la transgenia. Los índices de inseguridad alimentaria mundial han aumentado preocupantemente, con un alza sostenida (del hambre) en los últimos tres años.

No podemos atender esta problemática desde una mirada reduccionista o desde la supuesta falta de alimentos. Más que el problema del hambre, se trata del problema de la desigualdad, de la negación y la relativización de los derechos, ambas fomentadas por las lógicas neoliberales del sistema económico capitalista.  

Una verdadera crisis de desigualdad, como alertó el informe “Tiempo para el cuidado”  de Oxfam: “En 2019, los 2.153 milmillonarios que había en el mundo poseían más riqueza que 4.600 millones de personas”

Desigualdad económica que se construye sobre la desigualdad de género.Las mujeres y las niñas tienen más probabilidades de ocupar empleos precarios y mal remunerados, y realizan la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado o mal remunerado. El modelo dominante de capitalismo promueve y se aprovecha activamente de las creencias sexistas tradicionales, que restan autonomía a las mujeres y dan por hecho que ellas van a ocuparse de este tipo de trabajo, pero se niegan a valorarlas por ello”, según indicó Oxfam en el informe de 2020.

Además del hambre, la malnutrición provoca sobrepeso y obesidad, las que se relacionan con el acceso a alimentación de calidad. Acceso, también, condicionado por la pobreza, la desigualdad y la injusticia social. 

Con respecto a su valor nutricional, los alimentos base de la población con menores recursos son justamente aquellos con altos aportes en grasa, carbohidratos, azúcares y sodio (comúnmente ultraprocesados) que, en su mayoría, son los más baratos. Es decir, la calidad de los alimentos está directamente relacionada con su valor en el mercado, siendo éste, al igual que en el caso del hambre, el real asunto del problema y no la disponibilidad de productos alimentarios.

De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), anualmente se desperdician más de 1.300 millones de toneladas de comida en el mundo. Medición que sólo incluye al proceso post cosecha y no así al desperdicio de comida que pueda generar el sector minorista y el consumo doméstico.

 

 

Según el informe de 2019 de la FAO “El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, la diferencia en los registros de sobrepeso entre habitantes urbanos versus rurales se ha reducido. Además, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha ido aumentando más rápidamente en las zonas rurales que en las urbanas. Ello, podría evidenciar las graves consecuencias del agronegocio, monocultivos y agricultura intensiva por sobre las prácticas agrícolas campesinas e indígenas.  

La ecofeminista Vandana Shiva, afirma “…El <cártel del veneno> (las multinacionales Monsanto, Syngenta, Dow Chemical, Cargill…) expandió la idea de que sin el sistema de alimentación industrial no habría alimentación. Hicieron que todo el mundo creyera que la comida viene de los químicos y las corporaciones. Mi libro ‘¿Quién alimenta realmente al mundo?’ es un abordaje científico de lo que está pasando con los fertilizantes químicos: no dan fertilidad, matan la fertilidad del suelo; no controlan las plagas, crean más; las corporaciones no crean semillas, sino que las roban y las manipulan genéticamente. Las pequeñas granjas producen más que las grandes granjas, donde necesitas usar cada vez más químicos y máquinas”.

 

Los Pozos, finca deforestada y corrales de engorde de la Compañía Agropecuaria Cresud en la provincia de Salta, Argentina. En los primeros meses de 2020, 9 niños wichi murieron por desnutrición y falta de agua. Fuente: grain.org

 

El agronegocio y la transgenia, como toda actividad extractivista, se ha impuesto haciendo creer a muchos que puede solucionarnos la vida. No obstante, a lo largo de las décadas que lleva extendiéndose por los diversos territorios del mundo ha demostrado con creces que el remedio ha sido peor que la enfermedad. Más bien ha intoxicado a las comunidades aledañas a los cultivos, ha enfermado a la tierra, quebrantando gravemente el equilibrio biológico. En paralelo, ha generado gigantescas ganancias para las corporaciones multinacionales a costa de la salud humana, animal y medioambiental.

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En la próxima entrega de este Especial Radiografía al Agronegocio y a los Agrotóxicos revisaremos antecedentes sobre quiénes están tras el impulso a la transgenia en Chile, así como qué tipo de relaciones mantienen con el Estado y con las diversas instituciones públicas.

Especial Temático #1: Radriografía al Agronegocio y a los Agrotóxicos

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