Estallido social en Chile:Crónicas de la muerte de un modelo económico y político

No es difícil explicar cómo llegamos a la actual crisis social y política en Chile. Baste señalar que el modelo económico-político de la “transición a la democracia” -iniciado en los albores de los 90-, ha tenido demasiada transición y escasa democracia. Precisamente este modelo hipotecó los sistemas de salud, educación y previsión social.

Treinta (30) años después, este modelo centrado en la privatización intensiva y extensiva de las riquezas y sus modos de producción (desnacionalización de los productos y su producción) dejó al descubierto sus grandes fisuras e inevitables desastres: altísimos niveles de inequidad en el ingreso, escasos espacios para la vida democrática, falta de acceso a servicios básicos y una fuerte concentración de la propiedad, entre muchos otros, de los medios de comunicación. Las cifras son elocuentes: una pensión mediana inferior a la línea de pobreza y que no supera el 50% del salario mínimo, una pobreza que llega prácticamente al 40% -considerando solo los ingresos del trabajo y las pensiones contributivas-, un sistema de financiamiento de la educación superior (Crédito con Aval del Estado) que solo ha beneficiado a los bancos. Estos son los chilenos que protestan en las calles.

Tampoco resulta difícil comprender porqué la crisis surgió precisamente en estos momentos y porqué el actual gobierno ha demostrado su más absoluta ineptitud para gestionarla. De hecho, para que esto sea así sólo es necesario tener una profunda insensibilidad social para empatizar con los problemas de la gente, un alto nivel de soberbia para no asumir los errores cometidos y una arraigada herencia autoritaria para enfrentar de manera inmediata las manifestaciones legítimas con la salida de los militares a las calles, declaración del estado de emergencia y con toques de queda, acciones todas que han cobrado vidas y han dejado detenidos, heridos y torturados, además de otras violaciones a los derechos humanos. Este es el gobierno de Chile que no logra gestionar la crisis.

Finalmente, es lamentable observar cómo los medios de comunicación, como una acción evidente de los grandes conglomerados económicos a los cuales pertenecen y que se sienten especialmente amenazados, repiten los lugares comunes “de manual” -y con un evidente arreglo a ciertos intereses-, a saber, exaltación de la violencia de los manifestantes y criminalización de la protesta, minimización de las “buenas prácticas” de la protesta, cobertura y tratamiento de la contingencia, sin análisis y sin antecedentes, además del desprecio de las voces disidentes. En general, los medios expresan su más profunda proximidad al poder de turno y su tendencia casi patológica al orden.

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